Un Jaguar E-Type con instinto materno. Por Juan Ignacio Escobar Tosi.

 

Esta historia tuvo de protagonista un Jaguar E-Type serie 1 de 1965 que fue de mi viejo hace ya bastantes años. Todo transcurrió en la casa de la calle Arias (como la conocemos nosotros). Este hogar fue donde crecí antes de convertirme en adolescente y fue protagonista de muchas historias.

Fuimos los primeros en mudarnos a esa zona, en frente de la estación Marina Nueva del tren de la costa. Y como la casa estaba rodeada de terrenos sin construir, contábamos con lugares extra para explorar. Aprovechábamos mucho  dichos espacios. Por ejemplo, ahí fue donde mi papá, me enseñó a tirar. Que buena experiencia, me enseñó con un rifle de aire comprimido Daisy ( del cual debería escribir una nota).

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El daisy con el que aprendí a tirar.

En una de esas tardes de tiro en el terreno, encontramos una gata que tuvo cría. Cinco eran los felinos y los acomodamos en una caja. Por supuesto, acercamos leche y comida, y eran una curiosidad.

En mi casa, todos queremos a los animales, al mismo nivel que los autos. Perros y gatos son siempre bienvenidos.

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Volviendo al Jaguar de mi viejo, que es protagonista de esta historia. Papá estaba en la continua búsqueda de la perfección. Y una mañana, salimos juntos, camino al pintor, Rubén, para hacer algunas reparaciones.

Debo reconocer que a este Jaguar en particular le costaba mucho arrancar.

Pero una vez que su motor de 6 cilindros en linea, con sus 3.8 litros arrancaba. Era prácticamente erótico y capaz de provocar un orgasmo a la mas santa de las monjas.

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El E-Type de mi viejo.

Y así emprendimos el viaje al pintor. Recorrimos Libertador y llegamos al destino.

Una vez en el taller sucedió la terrible sorpresa. ¡Apareció un gatito! De abajo de la nariz del Jaguar. Por Dios que miedo, 1 solo. ¿Qué pasó con los demas? Yo como chico que era ya estaba angustiandome,  y papá también. ¿Se habrán caído por Libertador?¿estarán integrando el dibujo de una rueda del colectivo 60? ¡Y este era el único sobreviviente!

Por suerte, una inspección mas en profundidad, reveló que los otros 4 estaban aún en el buche, adelante del radiador, en la nariz del deportivo británico. Ese agresivo carenado que es tan característico en este clásico auto.

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Aquí se aprecia en donde se metieron los gatos.

Que tranquilidad. Los gatitos se salvaron todos y volvieron entre nuestras piernas a casa, obviamente con cuidado de que en su exploración no se metan debajo de los pedales.

Muy gracioso fue, que al llegar, la madre estaba esperando a sus crías. Los recibió como si simplemente se hubiesen ido a pasear en el convertible ingles.

Esta historia cada tanto sale mientras estamos comiendo asado en casa, recordando curiosidades. Aparte, la casualidad, un Jaguar, felino, llevando con su boca, como una madre a los pequeños gatitos.

No puedo evitar recordar toda esta situación y reírme. Para mi desde ese momento, la nariz del Jaguar E-type no solo tiene una perfecta penetración aerodinámica, si no, que tiene un gran espíritu materno.

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Por Juan Ignacio Escobar Tosi.


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