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RECORRIENDO LOS MÁS IMPORTANTES MUSEOS DE AUTOMÓVILES DE EUROPA. Ciudad del Automóvil. Por Oscar Filippi.

En el año 2016, el Museo Juan Manuel Fangio cumplió 30 años desde su inauguración. Dado la importancia de la fecha, las autoridades del Museo Fangio coordinaron con Oscar Filippi, una acción institucional para llevar la invitación y el deseo de iniciar una acción común, a los más importantes museos del automóvil de Europa.

Con tal motivo, se llevaron personalmente, las invitaciones al Museo Nacional del Automóvil de Francia, al Museo Alfa Romeo de la ciudad de Arese (Italia), al Museo Lamborghini de Bologna (Italia), al Museo Maserati de la misma ciudad, al Museo Ferrari de la ciudad de Maranello (Italia) y a las autoridades del mítico circuito de Monza.

Hoy les mostramos…

Ciudad del Automóvil:

Por: Oscar Filippi

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La Cité de l’Automobile (Ciudad del Automóvil) de Mulhouse es el primer museo del automóvil del mundo. En él se muestran todas las marcas de prestigio: Bugatti, Rolls-Royce, Mercedes… Este museo constituye un repaso único e impresionante de la gloria del automóvil, desde sus orígenes hasta nuestros días, con la presencia destacada del que se considera el coche más prestigioso del mundo: el Royale personal de Ettore Bugatti. Este renovado museo está dotado de magníficos equipos interactivos que proyectan diversas películas en pantalla grande. Sus simuladores permiten experimentar las sacudidas, las vibraciones y los sonidos de un vehículo de F1. En el espacio animado se puede arrancar un vehículo de época con manivela e incluso cambiar una rueda a un F1. Déjese seducir por el simulador de vuelcos mientras los más jóvenes se divierten con los minikarts.

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El Museo Nacional del Automóvil (en Francia) está constituido esencialmente por la colección personal de los hermanos Fritz y Hans Schlumpf. En 1935 estos emprendedores suizos del cantón de Saint-Gall llegan a la ciudad francesa de Mulhouse con dos objetivos prácticamente utópicos: controlar la industria textil de Alsacia y con sus beneficios, hacer realidad su sueño de infancia, adquirir la mayor colección de coches históricos del mundo.

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Poco a poco y ante el asombro de banqueros e industriales, irán comprando fábricas y sociedades hasta convertirse, a mediados de los años cincuenta, en los máximos exponentes de ‘la aristocracia’ textil francesa. Al mismo tiempo y en secreto, habían ido invirtiendo gran parte de sus ganancias en conseguir todos los coches ‘de museo’ que salían a la venta, especialmente los de origen europeo y muy en particular los míticos Bugatti. En 1965, después de hacerse con la colección privada de Ettore Bugatti y contar ya con más de cien coches de esta marca, deciden transformar una de sus fábricas textiles en su museo particular del automóvil.

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Encargan 500 farolas similares a las del puente de Alejandro III de la Ciudad de París, para decorar el inmenso espacio y en cerca de 20.000 metros cuadrados colocan en secreto su tesoro, que sólo mostrarían a sus invitados de honor. El gasto es tan descomunal que en 1971 presentan una suspensión de pagos que desembocaría en la huida de la familia Schlumpf a Suiza y la subsiguiente ocupación de la fábrica por los obreros, que no tardarían en descubrir la impresionante colección.

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Inmediatamente la abren al gran público, aunque ante la imposibilidad de gestionar de forma profesional este legado que el gobierno francés declara Monumento Nacional en 1978, los sindicatos deciden venderlo a la Asociación Propietaria del Museo Nacional del Automóvil que se crea a propósito. Desde entonces el museo ha experimentado varias transformaciones, habiéndose reinagurado por última vez en marzo de 2000.

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Son 17.000 metros cuadrados repletos de coches. Se puede seguir la historia del automóvil que se ha dividido en tres grandes grupos. Los ‘ancestros’, con modelos desde 1895 hasta 1918 que incluyen los primeros Panhard, Peugeot, De Dion y Benz. Después los ‘clásicos’ de hasta 1938, donde no faltan los primeros modelos Mercedes Benz, la berlina de Citroën de 1934 y los modelos Peugeot con tres cifras y un cero en el medio.

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Y terminar con los coches modernos más representativos de la posguerra, donde no faltan rarezas como la Dynavia 1948 de Panhard & Levassor y toda la familia Citroën desde el Dos Caballos, presentado después de la guerra y que seguiría fabricándose durante 40 años.

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En un segundo espacio se ha recreado el fascinante mundo de las carreras tanto de los Rallys como de la Fórmula 1. En un espacio ‘zen’ se presentan los primeros coches de competición, para pasar seguidamente al universo del Grand Prix donde se tiene la oportunidad de revivir con emoción el momento de la salida que va variando en cada época. Se han incluido hasta los últimos Porsche y Ferrari, ganadores de las más recientes competiciones, aunque no faltan ni el Bugatti 35 del año 27, ni la Gordini del 53 ni los Lotus y Maserati que dominaron las competiciones durante los años 50 y 60.

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La Presencia de Fangio:
Este espacio es muy especial para los argentinos. Contiene la Maserati 250F (original) con la que Juan Manuel Fangio obtuvo el mítico triunfo de Nûrburgring de 1957 y con él, su quinta corona mundial en la F1. Además, tiene el valor agregado de haber sido la misma máquina con la que corrió su última carrera en el circuito de Reims en 1958, día en que decidió su retiro definitivo.
También hay otra joya que el “Chueco” corrió, se trata del Mercedes Benz 300 SLR con el que participó en las 24 horas de Le Mans en 1955. Lamentablemente, uno de estos autos protagonizó el accidente más grave, hasta la fecha, de esa famosa carrea. Le costó la vida al piloto francés Pierre Levegh (coequiper de Fangio) y a 82 espectadores que estaban perfectamente ubicados en una de las tribunas.

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En un tercer espacio decorado en rojos y azules que recuerdan el interior de un joyero, se han colocado los grandes tesoros de la colección. Se comienza por la X 26 de Panhard & Levassor de 1915 que perteneció al presidente Poincaré aunque rápidamente los ojos se dirigen a los dos famosos Bugatti Royale del que sólo quedan seis en el mundo. Siguen siendo los coches más caros de la historia, superando cuatro o cinco veces el valor del Rolls más valioso. Comparten el elefante de plata que diseñó Rembrandt, el hermano de Ettore, y que simboliza la marca, aunque cada uno de los modelos es una verdadera pieza de artesanía. La obra maestra es quizá el Coupé Napoleón de 1930, tipo 41 que el joven Jean que en aquel momento contaba sólo con veinte años, diseñó especialmente para su padre Ettore, el alma de la compañía.

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No faltan ejemplos de sus más directos competidores y el museo cuenta nada menos que con tres Rolls Royce Silver Ghost de 1921, además de varios Hispano Suiza, Mercedes de lujo y un rarísimo modelo A8 de la casa Isotta-Fraschini, el coche favorito de Rodolfo Valentino.

No sólo podrá admirar los coches, sino que podrá subirse en alguno de ellos, ver esos mismos modelos en su ambiente original, a través de películas y videos, descubrir cómo se construían en la sección ‘De la forja al robot’ e incluso poner en funcionamiento uno de los más antiguos con una manivela.

Para cerrar la visita, solo hay que dirigirse al espacio exterior del mismo Museo, donde hay una pista de pruebas, donde dos veces al día, se puede apreciar el andar y el sonido de muchas de estas maravillosas joyas que guarda en su interior.

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