Porsche 930. Enrique Escobar Tonazzi.

A quince millas de Stuttgart, se encuentra el centro experimental de Weissach.  Allí, Porsche   diseña, construye y prueba sus prototipos, tanto de componentes como de autos completos. No sólo para su propia fábrica, ya que terceros como Volkswagen y algunos fabricantes de neumáticos, también aprovechan sus instalaciones.

Allí, Porsche desarrolló su sistema de turbo alimentación durante 1974 y el diseño del 911 turbo.  El objetivo inicial era de sólo 500 unidades, destinadas a obtener la homologación para el programa de carreras en 1976.  Pero, sólo dos años después, la demanda comercial había convertido al 911 Turbo, en la estrella de la compañía y su producción – en 24 meses – había pasado los 1300 ejemplares.

Como en el 911 Turbo para competición, el 930 de producción emplea un turbo compresor KKK (Kuhnle, Kopp und Kausch).  La inyección mecánica de los autos de carrera reemplazada por la Bosch K-Jetronic, además de encendido electrónico y modificaciones sustanciales en suspensión y frenos.  Todo esto hace que un 930 pueda circular alegremente en el tránsito de las ciudades, aunque manteniendo una tremenda reserva de potencia al oprimir el acelerador.  Según la versión, de 0 a 160 kph en 13 segundos para alcanzar más de 250 kph.

El 930 resultó sensacional, y permitió a Porsche homologarlo para el Grupo 4, evolucionando al 934.  La homologación para los Grupos 5 y 6 del Campeonato Mundial de Marcas, llevó a los nuevos prototipos 935 y 936. Todos turboalimentados.  Para cuando Porsche ganó el Campeonato de Autos Sport en 1977, los 911 normalmente aspirados habían pasado a la historia.

 

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