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Mustang, una leyenda. Por Franco Gabrielli.

1960´s. Los hippies y la liberación femenina. La Unión Soviética y Vietnam. Kennedy. Marilyn Monroe. Walt Disney. Martin Luther King y Malcom X. Apolo XI. Woodstock. 2001: Odisea en el espacio y Psicosis. Me olvido de algo… Ya sé, el Mustang.

Probablemente, si tomáramos una foto de los principales actores y acontecimientos de la década en Estados Unidos, el Pony Car no se la va a perder. Sin duda, el nacimiento de este ícono en 1964 marcó a fuego una época muy particular en la historia de los norteamericanos. No fue cualquier auto, nació con la idea de cambiar los paradigmas de la época. Potencia, ligereza, deportividad y accesibilidad, no parecía ser precisamente una fórmula factible hasta el momento. Y acá es donde Lee Iacocca (Director de la división Ford) y su equipo pusieron la ficha. Y reventaron el mercado. Sencillamente. 22,000 el primer día y 418,812 el primer año para lograr superar al entonces vigente record de Ford (417,000 Falcon en 1960).
Remontándonos a sus inicios, en 1961 Iacocca juntó un grupo de jóvenes con los que se reunía en el hotel Fairlane, en Deaborn, y creó el Comité Fairlane. Ya sabrán ustedes el porqué del nombre.
El objetivo: cranear el concepto del nuevo auto. Debía ser pequeño (en comparación con las bestias de la época), ligero, con diseño deportivo pero de cuatro plazas, y lo más importante, económicamente accesible para el target. Además, los clientes tenían que tener a disposición una inimaginable cantidad de accesorios y combinaciones para su auto. Desde motores y transmisión, hasta tipo de carrocería y colores. Una vez aclarados estos puntos, se desarrolló un primer prototipo, que visualmente poco iba a tener que ver con la versión final. Se asemejaba más al auto de Meteoro que a un Mustang. El nombre del auto se debe al famoso avión de caza de la WWII, y no, como se cree equivocadamente al caballo de su emblema. Sin embargo, en 1962 entraba a producirse el primer y verdadero Pony Car en dos versiones, una coupé y una convertible. Y finalmente el 17 de Abril del ´64 se lanzaba al mercado estadounidense. Su precio de fábrica era tan solo unos $2,368 dólares, permitiendo a los babyboomers llegar a un auto soñado.
Como estudiante de Marketing, me permito dedicarle un párrafo exclusivo para lo que fue la promoción y el lanzamiento. Y acá me saco el sombrero. En Marzo de ese año, antes de que se diera a conocer el producto, permitieron que se tomara una “foto clandestina” del auto (cualquier similitud con la actualidad es pura coincidencia), logrando ser reproducida en las portadas de algunas revistas. Se invitaron a centenares de periodistas a test-drives para obtener críticas favorables. El resultado: quedaron encantados y el auto salió en la portada del Time y del Newsweek simultáneamente, algo sin precedentes. Un día antes del lanzamiento, sale al aire el primer comercial por las tres cadenas televisivas en simultáneo, inédito para la historia de la TV. Su slogan: “The unexpected” (o El Inesperado). El lanzamiento se hizo en la Exposición Universal de Nueva York, donde Ford contrató a un mago para que animara la fiestita: un tal Walt Disney. Walter diseño la Wonder Rotunda, un pabellón futurista del tamaño de 3 campos de fútbol, donde el público podía recorrer los mayores logros de la humanidad del ayer, hoy y futuro, a bordo de un Mustang. Bien a lo Disneyland. Como si faltara algo, el equipo de Marketing del óvalo decidió exhibirlo en la terraza del Empire State, con la particularidad de tener que desarmarlo para subirlo. Esta acción se replicó para la presentación de la sexta generación en el 2015, con el motivo de celebración de los 50 años del Mustang. Con el diario del lunes y las estadísticas en mano, podemos decir que todo esto fue un gran éxito. Además del record de ventas, el auto fue distinguido por Tiffany & Co. a la excelencia en diseño, premio otorgado por primera vez a un producto de la industria automotriz.
No voy a entrar en detalles relatándoles cada uno de los modelos y versiones del ´64 hasta la actualidad porque podríamos estar una eternidad, y no es la idea. Pero sí mínimamente mencionar al famoso Mustang Shelby. Este surgió de una asociación entre Ford y el diseñador y piloto Carrol Shelby en 1966 con el foco en crear un Mustang más competitivo para los circuitos: el Mustang Shelby GT350. Es hasta el día de hoy que se siguen fabricando estas poderosas versiones.
En fin, el Mustang no fue solo un auto sensación de los ´60, sino que se quedó para hacer historia. Rompió la barrera entre deportivo y accesible. Estoy seguro que aquel que puso al mundo sobre ruedas a principios de siglo hubiese estado muy orgulloso del Mustang. Un auto que sigue sus ideales: estar al alcance de las masas. Con el correr del tiempo y las generaciones, dejó de ser tan solo un auto, pasó a ser un símbolo americano. A partir de él, la competencia intentó igualarlo con productos similares (como el Camaro o Challenger) y hasta se hicieron películas con él como protagonista. En 2015 la sexta generación dejó de venderse únicamente en suelo norteamericano para pasar a ser un Mustang global. Hoy es el auto deportivo más vendido del mundo. Este mes se presentará en Argentina. Lástima que por la distorsión impositiva (hoy más del 50% de la venta de un auto se la lleva el Estado) y la estrategia de Ford Argentina de posicionarlo como un producto Premium, solo unos pocos podrán acceder a él. De esto, probablemente Henry no estaría orgulloso.
Para cerrar la nota, no encontré mejor manera de resumir todo esto con una cita que la propia marca desarrolló:
“Por su mística. Por su historia. Por lo que es capaz de inspirar. Porque nació con un espíritu libre y rebelde, que a través de los años lo llevó a convertirse en uno de los grandes íconos de Ford y de la industria. Mustang no es solo un auto. Mustang no es solo un producto, ni siquiera una marca. Mustang es una leyenda.”
Franco Gabrielli

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