Mercedes mata Mini. Por Miss Daisy. (Segunda entrega).

Empezaba 1984 y quería comprar un auto. Un colega amigo, con su hermano, se ofrecieron a ayudarme con la búsqueda.

Pensaba en un Fiat Spazio o un 133, usados. Con esa idea salimos el sábado 6 de Enero.

Vimos unos cuantos que no me entusiasmaron para nada. Ya estábamos regresando, bastante frustrados, cuando vi un autito azul con un tachito arriba. Le pedí al hermano de mi colega que paráramos a verlo. Y me encantó.

Me dijeron que era un Mini, trasmitiendo cierto escepticismo sobre si era lo que me convenía. Pero yo insistí en que lo probáramos. Tenía algún que otro problemita, creo que en la caja. Pregunté si se podía solucionar. Me dijeron que sí y lo compré! Era precioso. Azul Francia, con tapizado de tela escocesa en tonos amarillos. Chiquito, ideal.

El hermano de mi colega se encargaría de la reparación y volví a casa muy satisfecha. Mi colega en el regreso me contó la historia del auto y me ilustró  con sus detalles relevantes:

“En 1959 la British Motors Corporation lanzó dos modelos sobre la base de un innovador diseño de Alec Issigonis.mini.jpg

El Austin Seven y el Mini Minor, que pronto se unificaron bajo el nombre Mini.

Si bien existían otros autos con tracción delantera, era una novedad absoluta el motor de 948 cm3 y su transmisión, montados en forma transversal todo por delante del conductor.

Además, las pequeñas llantas de 10 pulgadas permitían un importante aumento de la capacidad interior.

La suspensión era por medio de «rosquillas» de goma que completaban un diseño extraordinario.

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Bajo centro de gravedad, óptima distribución del peso y suspensión casi ideal, lo convirtieron en el mejor auto para las pruebas de rally.

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Para 1966 la interminable sucesión de victorias del Mini en los rallies de todo el mundo exasperaron a los burócratas de la FIA al punto de eliminar a los cuatro primeros en el Rally de Monte Carlo para beneficiar a un Citroën DS21, con la pobre excusa de que los faros de los Mini no eran reglamentarios”

Al día siguiente, 7 de Enero, estaba invitada a una salida conjunta con mi colega y su esposa, me presentarían un amigo.

Me pasaron a buscar en el impresionante  Mercedes Benz 220 SE de su amigo, color bordó, tapizado beige. Cuando subí al auto y sentí su andar, su elegancia, su comodidad, pensé: “Mercedes mata Mini”.

Esperando la reparación del Mini comencé mi experiencia a lo “Driving Miss Daisy” en el Mercedes. Además mi nuevo amigo, por entonces presidente del Club Alfa Romeo Argemtina, me reveló un mundo automovilístico nuevo, a través de su colección de fotos, su biblioteca, su Alfa Romeo Sprint.

Supe por ejemplo,  respecto del Mercedes Benz 220 SE, que el crítico norteamericano Jerry Titus había probado este coche para la revista Sports Car Graphic, en mayo de 1961: «Imponente combinación de lo clásico con lo moderno, este automóvil hace aparecer al diseño tan limpio y funcional como nunca se vio salir de una mesa de proyectos. Para empezar determinando por que el 220 tiene un precio superior a los 5000 dólares, se requiere un lento paseo a su alrededor. El ajuste, la terminación, la atención a los detalles y la óptima calidad del material usado, sobrepasan todo lo que se podría esperar de un coche lujoso.»

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«Abriendo y cerrando las puertas (lo cual se ha convertido en criterio para decidir una compra), se siente un sonido neto similar al que producen las cajas de seguridad y la calidad del sellado es idéntica».

El Mercedes Benz 220 SEb  se hizo conocer en 1961 cuando uno de ellos ganó en la Argentina, el Gran Premio Internacional Standard, conducido por Walter Schock.

Al año siguiente se convirtió leyenda cuando volvió a ganar la prueba, esta vez en manos de «las suecas».

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Se trataba de Ewy Rosqvist y Úrsula Wirth que pasaron a la historia con el Mercedes 220 SE.  Triunfaron en la clasificación general después de ganar cuatro etapas seguidas.

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Entretenida con todo esto no caí en la cuenta de que habían pasado meses desde la compra del Mini. MI nuevo amigo se ofreció a acompañarme a ver el estado de las reparaciones.

Quedamos en encontrarnos en el taller. Cuando llegué, me atajó en la puerta y me dijo que no me asustara por lo que iba a ver. El autito había tenido un desgraciado accidente cuando lo probaron. Como buen auto subvirante, al tomar una curva dio contra el cordón con su parte delantera. Si bien luego repararon el golpe, el Mini no pudo ser. No lo manejé nunca.

Pero yo ya estaba definitivamente atrapada en el mundo de los autos clásicos a través de mi nuevo amigo,  que luego se convertiría en mi marido.

Miss Daisy.


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