La vuelta de los vinilos. Por Enrique Escobar Tonazzi.

En 1960 tenía trece años y compré mi primer Long Play.

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Desde entonces, hasta los años 90s, fue creciendo una colección de más de 200 LPs y una buena cantidad de simples y dobles en 45 rpm y 33 1/3 rpm (sin contar cassettes y carretes de cinta abierta).

Al principio fue un “combinado” Ken Brown monoaural, rápidamente reemplazado por un inmenso Motorola estereofónico.

Cuando llegó el equipo Audinac, con bandeja pasadiscos Garrard , grabador de cassettes Sony y grabador de cinta abierta AKAI GX-265D, ya me consideraba un audiófilo.

Es que ya no me interesaba sólo el último LP de Elvis Presley o de la orquesta de Bert Kaempfert sino una amplia variedad de sonidos que incluían jazz, clásicos y líricos.

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Pasó el tiempo y mis discos sonaban a través de un sintoamplificador Pioneer SX-980 de 80 Watts por canal.  Ya tenía otra bandeja pasadiscos Garrard SP25 MkIV , con cápsula Shure M44-7.  Adaptado a los tiempos, había agregado una bandeja de cassettes doble Pioneer CT-W340 y un reproductor de CDs Pioneer PD-201, con control remoto.

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Dos juegos de potentes parlantes Jensen completan el equipo.

Poco a poco la oferta de nuevos LPs se fue haciendo más y más escasa mientras que los CDs se multiplicaban y ya, no sólo contenían las últimas grabaciones, sino también otras, las más antiguas, clásicas y aparentemente inhallables.

Además, los CDs tienen más duración, menos ruidos, son más fáciles de transportar y ocupan menos espacio.

Es cierto que reproducir un vinilo es un poco engorroso y menos práctico que un disco compacto.

Los vinilos son más delicados, se ensucian más y se desgastan con el uso.

Por eso yo los cuidaba con fanatismo. Jamás tocaban mis dedos la parte grabada. Periódicamente los lavaba con agua corriente para quitarles el polvo y la estática. Una vez bien secos, los guardaba en la funda de papel que ubicaba dentro de la portada de cartón  y esta a su vez dentro de una cubierta de polietileno.

Así se conservan hasta hoy todos mis LPs.

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Pero con el paso del tiempo, aumentó enormemente mi colección de CDs y pocas veces me acordaba de los viejos vinilos.

Pero, hace un par de años quise mostrar a unos amigos mi pequeño tesoro, una selección  de temas de Los Beatles en discos de 45 rpm.

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Reproducidos a cierto volumen, los vinilos nos impactaron de tal forma – por la calidad y la riqueza de su sonido – que hicimos la comparación con algunos de los mismos temas conservados en CDs.

Fue asombroso comprobar que los vinilos sonaban mucho mejor…

Así que volví a mis viejos discos pero me puse a investigar las razones de su superioridad.

Al contrario de los CDs que tienen una capacidad de almacenamiento limitada, los vinilos registran toda la información sonora con todas sus armónicas. El sistema digital entrega 44.100 muestras musicales por segundo y esa es la cantidad de “datos” musicales que contiene. Es mucho pero la grabación analógica no tiene esa limitación y la cantidad de información musical es infinita.

Una buena cápsula fonocaptora es capaz de exceder ampliamente la respuesta de frecuencia de un CD, lo que permite reproducir frecuencias que – en teoría – nuestro oído no oye pero que de alguna manera podemos percibir.

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Es reconfortante saber que no estoy solo.  En todo el mundo crece la demanda de vinilos y las multinacionales de la industria musical vuelven a apostar a los LPs que regresan a las bateas, tras años de haber sido abandonados.

En USA, en 2014 se vendieron más de seis millones de discos y en el Reino Unido, 1.300.000, con un crecimiento del 70% para el 2015.

Han observado que, casi en toda película de Hollywood – así como en una época los protagonistas siempre tenían que beber una copa de vino tinto, hasta inculcar ese hábito en el público – aparece ahora un pasadiscos y suena un LP?  A veces, el vinilo aparece muy sutilmente, aunque en otras es más evidente. Tratan las discográficas de potenciar una moda?  Se vislumbra un gran negocio con el regreso de los vinilos?

 No lo sé pero, sin duda todo forma parte de un estilo Vieux, que tiene toda mi simpatía.

Enrique Escobar Tonazzi


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