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La Cisitalia, el MG TC y el Alfa Romeo Giulietta Sprint. Por Miss Daisy. (Octava entrega).

Para mi asombro, mi amigo tenía más historias y más autos en ellas:

“Ah! La Cisitalia…

Era para mí el auto más lindo del mundo.  Por algo había una igual en el Museo de Arte Moderno de New York y otra en el Museo Biscaretti de Turín.

El chasis tubular y las ruedas de rayos Borrani, envueltos en una carrocería de aluminio firmada por Pininfarina. Baja, aerodinámica, con los guardabarros delanteros más altos que el capó había sido definida como “escultura rodante”.

La mecánica era básicamente Fiat, con algunas mejoras para obtener una aceptable performance.

Disfrutaba cada momento, no sólo cuando la manejaba – llegué a correr con ella algunas carreras del Club de Automóviles Sport – sino también cuando simplemente me sentaba a mirarla y admirarla por horas.

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Cisitalia en Rally de Mar del Plata  1972

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San Antonio de Areco en carrera CAS 1972

En 1974, las cosas de la vida me obligaron a venderla y la Cisitalia pasó a manos de Antonio Mieres  – quien me dio en parte de pago su Ford Fordor 1931 – y luego de Mauricio Bramson.

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Ford A Fordor 1931

 Fue reemplazada por un MG TC de 1946.

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MG TC 1946

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MG en el Rally de la Belle Epoque 1975

El MG TC terminó gustándome tanto como la Cisitalia. Era “el” verdadero auto sport. Su carrocería abierta era muy abierta, lo que se advertía sobre todo en los días de lluvia.

La pequeña capota de lona, el parabrisas rebatible y las cortinillas sobre las puertas eran tan inútiles que yo sólo las instalaba cuando llovía muchísimo o tenía compañía femenina.

La dirección era peor que pesada. La suspensión inexistente. El chasis flexible hasta lo inimaginable, lo que había obligado a los diseñadores a dotarlo de uniones articuladas para sostener los guardabarros delanteros y los lindos faros Lucas.

Pero manejarlo era adictivo. El tacómetro cronométrico frente al conductor y el velocímetro frente al acompañante, sobre el tablero de madera. Todo muy “british”.

No sé porque, un día me cansé y lo reemplacé por un Alfa Romeo Giulietta Sprint de 1958.

Qué lástima, porque me gustaría volver al MG, algún día.

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Alfa Romeo Giulietta Sprint 1958

Mi primo Mario Ponisio también tenía un Alfa Romeo y, en 1981 me convenció de crear un club de marca para unir a los alfistas.

Así tuve el privilegio de ser el primer presidente del Club Alfa Romeo Argentina, acompañado por mi vice Guillermo Iacona, Guillermo Martire, Luís Magenta y otros buenos amigos.

Los años pasaron y, en 1984 mi auto de uso diario es el muy satisfactorio Mercedes Benz 220 SE aunque todavía tengo el Alfa Romeo Sprint, para ir a los rallies y jugar un poco.”

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Mercedes 220 SE

A esta altura llegamos al punto en que nos conocimos y empezamos a salir juntos, en el Mercedes 220 SE. Pronto la historia ya se convirtió en nuestra vida llena de autos.

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