El Ford V8.  Más que un auto, todo un club. Por Miss Daisy. (Novena entrega).

Hacia fines de 1984 ya me había casado con mi amigo del Mercedes y nuestra primera adquisición fue un Ford V 8, Fordor Sedan De Luxe, 85 HP, de 1935.

Continué con mi introducción al mundo de los autos clásicos y recuerdo mucha de la información que me dieron sobre el Ford V8, parte de la cual detallo a continuación:

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El motor V 8 fue la última obra maestra de Henry Ford. La técnica de colada de fundición al mismo tiempo, de los dos bloques de cilindros y un carter único, en lugar de lo acostumbrado para un motor en V – tres piezas de fundición, dos bloques de cilindros y un carter)  puso al alcance del gran público un diseño de motor que era exclusivo de las grandes marcas.

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Tan ágil y veloz como cómodo y seguro, viajando en el Ford V 8 se podía comprender por qué era el auto favorito de Charles Lindbergh y el Presidente Roosevelt así como de los famosos pistoleros John Dillinger y Clide Barrow,  el novio de Bonnie.  Ambos escribieron cartas a Henry Ford elogiando su creación.

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Cuando lo compramos era negro y se veía el paso de sus años.

Fue mi primera experiencia de restauración.  Cambiamos el negro por un verde original de Ford con llantas verde manzana.

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En 1985 el Ford festejó su medio siglo llevándonos a la fiesta de los 20 años del Club de Automóviles Clásicos, en el Palacio Sans Soucí.

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El Club Ford V8 de la República Argentina nuclea a los entusiastas de los Ford construidos entre 1932 y 1948, es representante del Early Ford V8 Club of America. Su primer Presidente – desde 1989 hasta el año 2000 –  fue nuestro amigo Joaquín Campana.

El Ford V8 y el club están unidos a una de las historias más divertidas de la familia:

Para 1995, estábamos viviendo en la primer casa que construimos en Punta Chica, en la calle Arias, frente a la estación Marina Nueva del Tren de la Costa.

Para entones mi hijo menor estaba en la escuela primaria. Era muy distraído y frecuentemente traía su cuaderno de clases incompleto, a veces sólo con el título de lo que habían dado. Todas las tardes, debíamos reconstruir en casa lo que debía haber sido la lección del día.

 Así las cosas, una vez fuimos citados con mi marido por la misma directora. Con gran desazón, concurrimos esperando quién sabe qué ( en nuestros tiempos una citación de padres por la dirección de la escuela era una hecatombe). Se puede resumir la reunión en una frase de la Directora: “ En clase su hijo ve una mosca que pasa y va detrás de ella, pero lo peor es que los demás van detrás de él”. Agradecimos su preocupación y nos comprometimos a trabajar en el tema.

Al poco tiempo recibí una nota de la maestra: “ Señora mamá: si su hijo no completa los módulos tal y tal, no podrá dar el examen del período”. Qué módulos? Cómo no reparé que faltaban? pensé. Rápidamente me di cuenta que el pequeño sabandija se había superado: ya ni los títulos traía!

Perdí todo autocontrol y empecé a gritarle todas las desgracias que se le vendrían encima en la vida si no estudiaba, floreado todo con cuanto epíteto me viniera a la mente. En medio de la baraúnda, advertí que para completar los módulos, para colmo necesitábamos útiles de librería, cartulinas y otros, que había que salir a comprar.

La compra recayó en mi marido, que aprovechó para huir de la escena. Al abrir la puerta del garage, se encontró con todo el Club Ford V8 mirándolo a él ( a quien conocían ) y escuchando mis gritos… Estaban con sus autos en la estación del Tren de la Costa esperando una delegación norteamericana para un evento. Papelón del siglo mediante, mi marido saludó como pudo y fue a la librería.

Cuando volvió me dijo: “ Te hiciste famosa en el Club Ford V8”.

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No sé si fue tan así y si hoy alguien se acuerda, pero para mí fue una anécdota inolvidable de nuestras vidas, esta vez no ligada solamente a un auto sino a todo un club.


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