EL Cord. Por Miss Daisy. (Sexta entrega).

Mi amigo tenía historias para las mil y una noches pero con los autos como protagonistas. Así siguó:

“Un domingo de octubre de 1968,  a la mañana, volvía del Yacht Club Olivos, de una frustrada salida a navegar y caminaba por la calle Ricardo Gutiérrez. Dos o tres cuadras antes de Maipú alcancé a ver estacionado junto a la vereda un gran auto blanco.

Pensé:  “Que lindo, creo que es un Opel Kapitan 1938”.

Seguí caminando y razoné: “No, no es un Opel. Parece un Cord. Pero no puede ser”

Cuando ya llegaba a Maipú mi corazón y mis piernas se aceleraron y crucé corriendo la avenida.

Era un Cord 812, Phaeton Sedan de 1937 que a pesar de su aspecto abandonado no había perdido nada de su imponente personalidad.

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Comprobé que tenía dado vuelta el motor y le habían cortado el piso para pasar la transmisión a las ruedas traseras.

Pero era un Cord, un verdadero clásico,  y había que hacer algo.

Llegué a mi casa y me comuniqué inmediatamente con mi amigo Eduardo.

Para crear expectativa, empecé por decirle que acababa de ver un auto y él debía adivinar cuál era. Tracción delantera, americano, segunda mitad de la década del treinta.

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Eduardo adivinó con rapidez y salió inmediatamente de su casa en San Telmo y cuando vió el auto ya sabía que íbamos a restaurarlo.

Al día siguiente, como el Cord estaba frente a los Talleres Maipú, el buen Ludovico me indicó quienes eran los dueños y a los pocos días estábamos llamando al ACA para remolcar el Cord hasta un garage en San Telmo, cerca de la casa de  Eduardo.

Tuvimos que esperar seis horas la llegada del remolque ya que más de una grúa pasó de largo buscando un Ford 1937.

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Ese proyecto me superaba, así que dejé que Eduardo lo afrontara solo, aunque con la ayuda constante de su hermano Emilio. Pronto, ambos me llamaron para ver un auto.

Me dijeron que después de lo del Cord, debían “devolverme el pelotazo” y terminé comprando los restos de un Fiat 527 S Ardita Sport de 1934. “

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