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De la estanciera al DKW W 1000S y el Fiat 1500. Miss Daisy.

Espontáneamente mi amigo continnó con su narración, envolviéndose en su sentimiento por los fierros conmovedoramente:

“El día de mi cumpleaños número 18 estaba primero en la fila, en la Municipalidad de Vicente López, para obtener el Carnet de Conductor.  Rendí el examen con la Estanciera 1963 de mi papá.

Parecía una gran caja de zapatos con ruedas, verde con una “flecha” blanca a los lados. Muy diferente a los bólidos aerodinámicos que admiraba en “Road & Track”.  Por eso, en seguida empecé la lenta tarea de mejorar los gustos automovilísticos de mi padre.

Para 1965, transportaba a la familia en un Auto Unión DKW 1000S. Definido así por la revista “Parabrisas”: “Rara mezcla de diosa y pantera, combina generoso espacio interior con características de un auto sport…dirección dura pero precisa, frenos eficientes, motor incansable”.

 

En fín,  un autito que yo disfruté enormemente pero que confundía un poco a mi progenitor, al extremo de apurarse a reemplazarlo al año siguiente por un flamante Fiat 1500 C.  Yo estuve muy de acuerdo con el cambio.

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La revista “Parabrisas” describía así al 1500: “…vira fuerte, tiene una caja hermosa (cuatro marchas sincronizadas para usía) y deglute autos más grandes con brío peninsular.”

Ese primer Fiat 1500 era bordó con tapizado marrón y  un año y medio después lo siguió otro Fiat 1500. Esta vez gris humo con tapizado rojo. Sensacional, nunca volví a ver uno así. Cuando lo vio la madre de una ocasional noviecita, dijo: “Ay, parece una bombonera!”.

Como caminaban esos “milqui”.  Yo ya estaba totalmente obsesionado con los autos.

Me había incorporado a la Asociación Argentina de Automóviles Sport – el Presidente era Jack Forrest Greene – y participaba del equipo de banderilleros, las clases del Ing. Lucios y los asados usando como parrilla una auténtica de Maserati.  No me perdía una carrera en el autódromo.  Cuando vinieron los americanos de Indianapolis a las 300 Millas de Rafaela, con dos amigos pasamos la noche en una carpa para no perder el espectáculo.

Empezaba a escribir artículos y algunas de mis fotos se publicaban en las revistas.”

Por Miss Daisy.

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