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Alfetta GTV en la Costa de Mar del Plata. Un viaje en el tiempo para mi. Por Juan Ignacio Escobar Tosi.

Las cosas no solo son lo que son, sino lo que representan. Esta afirmación en mi caso se aplica al máximo cuando pienso en las Alfetta GT y GTV.

Mi viejo, es un verdadero entusiasta de los autos. Con mucho esfuerzo logro tener, preservar, restaurar y a veces disfrutar de una gran cantidad de autos clásicos y sport.
Autos de gran lujo e importancia como puede ser un Silvercloud 3 coupé, o de gran sencillez y muchos años como un Ford A.
Entre estos extremos hubo una gran variedad de autos Sport y GT de variadas cilindradas y procedencias.
Pero dos marcas son las que siempre se destacaron, como ya muchos sabrán, Mercedes Benz y Alfa Romeo.
Creo que Mercedes fue la marca que más tuvo, pero lejos la que más lo apasionó, para mi, fue Alfa Romeo (la cual pelea la punta en cantidad junto a la alemana).
La eficiencia alemana seduce y convence, pero solo la pasión italiana enamora y bloquea la razón.
Cuando yo apenas era un infante (y no de infantería mecanizada como hoy en día) fue uno de los fundadores del Club Alfa Romeo y primer presidente.
Claramente, la marca italiana era una de sus favoritas.
Como niño normal, a muy temprana edad, más en mi casa, me empezaron a llamar la atención los fierros.
Y como muchos recuerdan algún auto de su padre, yo recuerdo con muchísimo cariño la Alfetta GT 1600 azul metalizado de mi padre.
Casi como en “El tanque de mi papá”, esa Alfetta GT era para mi “El auto de rallye de mi papá” con la que me llevaba al jardín, me buscaba etc…
Siendo niños, tanto mis hermanos como yo, acompañábamos a Enrique a los eventos del Club.
Uno de los más destacados, o mas bien uno de los que tengo fotos, fue el que se realizó en la casa del Ingeniero Sierra.
En este yo estaba maravillado, junto a mi hermano, veíamos las pruebas de habilidad conductiva, y ahí estaba mi viejo corriendo con su GT.
En los ojos de un niño, aunque incluso hoy en día lo sostengo, ahí estaba mi viejo, como un verdadero piloto de Rally, no me costó ver un héroe.
Para colmo, ya de chico tenía gran cantidad de autitos de juguete, muchos Burago, y uno que nunca olvido es la GTV de Rallye en 1/43 con la cual corría en todas las barandas y mesas.
Obviamente yo ignoraba los esfuerzos que un auto de esas características requería para mantenerse funcionando. O no conocía el azote continuo del óxido.
Bajo ese hermoso azul metalizado, legiones de Óxido Ferroso, luchaban contra la chapa de acero, intentando destruir la máquina que tanto amábamos.
Sendas exploraciones hechas por mi viejo con algún elemento punzante demostraban que la maldita corrosión estaba por todos lados, dejando expuesta la debilidad de la bella máquina italiana.
Sin embargo, en lo que podríamos considerar una “Victoria Pírrica”, Enrique mantenía a raya la amenaza y el auto estuvo siempre en buenas condiciones.
Pero vinieron tiempos mejores, y el reinado, azotado por el óxido, de la Alfetta GT 1600 finalizó dando lugar a otros Alfa.
Fue reemplazado, si mal no recuerdo, por una GTV 1750. Mucho más valiosa en términos históricos.
La recuerdo mucho, se usaba casi como auto de diario, el interior era genial, con un gran diseño.
Obviamente yo era chico, y no me percataba que atrás solo podía ir un niño o un enano deforme citando las palabras de un gran amigo de la familia.
Con este auto me buscaban a la salida de Optimist y tenía una sensación de manejo espectacular.
Luego llegó una Spider sin mencionar otros autos de otras marcas.
Pero ninguno pudo igualar la huella de la humilde GT 1600 en la mente de un niño.
Hoy en día contra todo uso de razón, son mis favoritas, a pesar de no ser las más valiosas o importantes.
Y como por capricho del destino, buscando un Alfa Spider para mi viejo, encontré en lo de Claramunt una GTV 2.0 con un casco hermoso, muy original y cuidada.
Cuando la vi, estaba con mi novia, yo era el encargado de encontrar el auto para mi viejo.
No es un auto abierto, no, no lo es. No es de los 60s, tampoco. No es lo que pidió papá. No no lo era. ¡No importa! Me enamoré.
Pero ahí estaba, muy bien paradita, acercarme a verla fue como tener 4 años de nuevo (¿y no es eso lo que un auto clásico nos debe generar?).
De golpe recordé a la 1600GT azul, ahí estaba, podía volver a ser un niño. La máquina me llevaría de nuevo en el tiempo.
¿Sería tal vez el objeto único de satisfacción del que se habla en psicología?
¿Estaban, en el fondo, mis padres y recuerdos de la infancia, contenidos, en esa bestia italiana con caja puente, chapa de acero, hermosas líneas agresivas y un contaminante y apasionado motor italiano de doble árbol de levas, carburado?
Yo sentí que si, y convencí a mi padre de que ese era el auto que él necesitaba, obviamente, creo que también era el que yo quería.
Mi padre, seguramente con sentimientos similares no confesados, hizo un gran esfuerzo y se llevó a la tana a casa.
¡Oh, mentí, yo me la llevé a su casa! Que emoción, manejar el auto que me había enamorado de niño. Fue un esfuerzo grande pero allí estaba de nuevo.
Otros viajan, o se dan muchos gustos, pero mi padre como yo, con sus alpargatas, prefiere disfrutar de una bestia italiana que nos llena el corazón de amor y pasión.
No es un auto cómodo, no es silencioso, nada más lejos, casi me destruye riñones (Suerte que tenemos nefróloga en casa), los cambios requerían tener sensibilidad, (la lograda gracias a las enseñanzas con la 850 spider).
¡Los ruidos, son tantos que ya es una orquesta, pero que hermosa orquesta!
Debo decir que este auto fue tal vez el que más me prestó mi viejo.
O lo disfruto tanto que la intensidad hace que en el tiempo pase rápido o se detenga.
No solo era la Alfetta de mi infancia, tiene su alma, pero volvió con un cuerpo mejorado, liviano y un motor 2.0 más potente.
No eran los justos 1600cm si no los 2000cm que eran necesarios.
Es muy difícil manejar un auto así y no pisar el acelerador. Sentir sus 130 caballos tomando galope e impulsando a ese conjunto de acero italiano por las rutas argentinas.
Si uno se puede subir a una GTV y andar como una señora que busca los chicos en el colegio, es por que no le corre sangre por las venas.
A su vez, el equipo de audio es casi un adorno, ya que es mucho mas placentero disfrutar de los sonidos mecánicos.
Hay que entender que sus casi 130hp pueden parecer pocos frente a los 143hp del peligro amarillo (w123).
Pero es un auto muy liviano, con un gran diseño, ideal para correr en circuitos trabados y con un motor muy rabioso. La sensación es casi de un auto de pista, y esa es la idea.
Siempre me llamó la atención que los discos de freno traseros están ubicados de forma central, como un vehículo todo terreno.
Tiene un despeje fabuloso, es un auto bajo, con una suspensión genial para andar a todo lo que dé en un terreno difícil. ¿Será por esto que le iba tan bien en Rally?
Y el cockpit, ¡ah queridos amigos!, es un capítulo aparte.
¡Tiene el cuenta vueltas en frente del piloto! Totalmente aislado del resto de los instrumentos. ¡Si eso no es un auto para correr, no se que lo será!
Hace poco, mis viejos, siguiendo su sueño, se fueron a vivir a Mar del Plata y obviamente la GTV se fue con ellos.
Como no podía ser de otra manera y estando, lamentablemente sin auto yo, tuve que sacrificarme y usarla por las calles marplatenses.
La combinación de un atardecer, la calle que bordea la costa y la GTV, fueron un una combinación que me garantizó un viaje en el tiempo. No solo a mi infancia, si no que me hacia sentir, no se, en Mónaco salvando la distancias.
La Alfetta GT y GTV demuestra que no es necesario ser millonario para sentir la pasión de una bella máquina italiana, no hace falta ser piloto de carreras para experimentar sus sensaciones y a su vez asegura que se puede volver a ser niño, desafiando la física, reviviendo una vez mas los buenos viejos tiempos.
Por Juan Ignacio Escobar Tosi.

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